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Hola, me llamo Ariaz y voy a relatar una experiencia de sexo en la oficina que tuve cuando tenía 20 años. Yo por entonces trabajaba como secretaria en una oficina constructora y me convertí en la secretaria del jefe. Imagino que le gustaba puesto que no tenía mucha experiencia laboral, sin embargo él decidió que estuviese en la antesala de su despacho, en la planta superior de la oficina donde tan sólo nos encontrábamos los dos. Con él tuve mi primera experiencia de sexo en la oficina.
Tenía 9 años más que yo, y me daba un morbo tremendo imaginar fantasías sexuales con él en la oficina, pero nunca imaginé que llegaría a tener sexo en la oficina. Él hacía que su mirada me penetrase cada vez que me veía aparecer, sentarme o moverme y eso me excitaba y me impulsaba a hacer movimientos sensuales, lamerme los labios o mordisquear el boli mientras él clavaba su mirada en mí.
Todo empezó una mañana en la que hice que practicásemos sexo en la oficina, tomase mi cuerpo en la mesa de su despacho, me comiera el coñito afeitado y acariciase mi culito. Desde ese día me propuse ser su putita privada y mantener regularmente sexo en la oficina. Me encantaba mostrarme siempre dispuesta y preparada para que él dispusiese de mi cuerpo siempre que quisiese. Cuanto más libre se sentía él para disponer de mí para tener sexo en la oficina, más contenta y excitada me mostraba yo con él.
Le mostraba mi entusiasmo por someterme a su voluntad, por tener sexo en la oficina con él, y le confesé que me encantaría ser su perrita particular, su chochito dispuesto sólo para él y su niñita siempre cachonda. Como todos los demás subían rara vez a nuestra planta, nosotros disfrutábamos de casi plena intimidad para tener sexo en la oficina, puesto que una sola puerta separaba su despacho de mi mesa.
Desde la primera vez que me poseyó y tuvimos sexo en la oficina, me obligaba a ponerme mini vestidos ceñidos que casi sólo escondían mi tanga, la única prenda que se me permitía llevar debajo de los vestidos y el cual me obligaba a quitarme en horario de oficina. También me obligaba a llevar zapatos de tacón altísimos, que realzasen mi piernas, y me diesen un toque elegante, todo ello corría de su cuenta por supuesto, y era él quien elegía incluso los colores de mis braguitas, vestidos y tacones.
Cada mañana al llegar a mi puesto de trabajo me hacía entrar en su despacho y bajarme lentamente el tanga hasta quitármelo, entonces se lo dejaba encima de su mesa, pero sin mantener después nuestra dosis de sexo en la oficina, había que seguir trabajando. Si me lo ordenaba, me daba la vuelta y subía la parte trasera de mi vestido dejando mi culo a su vista, mientras se acercaba por detrás. Otros días prefería que bajase la parte delantera de mi vestido para comprobar gozoso que mis pezones estaban erectos y darles algún pequeño mordisco. Una vez que había visto mi cuerpo se me permitía ir a mi mesa, encender mi ordenador y empezar con el día laboral. Normalmente a media mañana me llamaba para dictarme alguna carta, entonces yo ponía mi libreta en un lateral de su mesa y me tumbaba boca abajo con la espalda erguida haciendo que mi culito respingón lo fuese aun más. Mientras yo escribía él levantaba mi vestido por debajo, acariciaba mis piernas, mis muslos y cada vez subía más y más hasta adentrar sus dedos y notar como mi cuerpo estaba totalmente empapado. Cuando me daba una palmadita en el trasero era la señal para que yo abriese un poquito mis piernas, así le hacía sentir la vía libre para que me metiese 2 o 3 deditos, cuanto más ardiente eran sus movimientos, más me des-concentraba yo en mis tareas de secretaria, pero no se me permitía abandonarlas para el goce puesto que debía compaginar mis dos trabajos: el de secretaria con el de esclava sexual.
Cada vez el movimiento de su mano era más rápido y más intenso, seguía así hasta que utilizaba mi propio jugo para lubricarme el culete, entonces acariciaba toda mi zona desde el clitoris hasta el ano. Siempre me ha hecho gozar tanto mi coñito delantero como el trasero durante el sexo en la oficina, imagino que porque por detrás notaba más la penetración debido al pequeño tamaño de mi orificio anal, mientras que el tamaño de mi chochito había aumentado con las relaciones sexuales. Me penetraba hasta que preveía mi orgasmo, entonces paraba radicalmente, dejando mi coño chorreando y ardiendo y esperando la deseada corrida. De esta manera se aseguraba de que estaría constantemente cachonda el resto del día y me mandaba así a mi mesa a pasar la carta a limpio.
Las primeras veces me consolaba yo sola tocándome el coño y corriéndome de placer en mi mesa tras la sesión de sexo en la oficina, pero más tarde debió darse cuenta ya que no me permitía cerrar la puerta de su despacho para tenerme controlada en todo momento.
Otro de sus placeres era sentarme en la silla que había frente a su mesa con el vestido subido y mirar como yo me masturbaba hasta estar casi a punto de correrme aunque tenía tajantemente prohibido llegar al orgasmo si él no me lo pedía explícitamente. Mientras, él solía hablar con clientes y preparaba la jornada laboral del día siguiente. Si sonaba el teléfono, yo debía contestarlo sin dejar que se notase mi voz entrecortada y ocultando mis gemidos. Él mientras me hacía gestos para que metiese mis dedos con un ritmo más o menos rápido por el coño o por el culo, o me hacía gestos para que acercase mis dedos hasta su boca y así poder saborear mis flujos.
Una vez fue su novia quien llamo y por poco me corro de gusto sabiendo que me lo estaba haciendo delante de ella. Le pasé el teléfono y fue él quien empezó a masturbarme, me sentí tan sumisa mientras escuchaba su conversación, y tan perra que no pude reprimir mi orgasmo y exploté salvajemente con un temblor que recorrió todo mi cuerpo con una sensación de placer animal. Mi jefe fue bastante comprensivo por haberme corrido sin su permiso durante esa experiencia de sexo en la oficina y mi castigo tan sólo fue comerle la polla hasta llegar al orgasmo en mi boca y tragarme todo su semen, castigo que a mi me excitaba más todavía .
No solía dejar que nadie fumase delante de él, sin embargo, un día me obligo a estirar mi brazo para alcanzar mi bolso mientras mi estómago y mi pecho estaban tumbados en su mesa, y él separaba mis piernas bruscamente para clavarme directamente la polla por detrás.
Hizo que me fumase un cigarrillo durante nuestro sexo en la oficina, mientras seguía empujando y empujando, yo daba caladas a la vez que me llenaba de placer y esto le gustaba. Me obligó a que diese profundas caladas mientras él cambiaba el ritmo de la penetración y me sorprendía sacando su polla y volviéndola a meter de repente por mi ano, sin pre-aviso. Siguió cambiando de ritmo hasta que consumí mi cigarro y llenó todo mi recto con su semen al correrse durante el sexo en la oficina. Mi cara de viciosa hacía que él no dejase de excitarse y aun ahora recuerdo aquellas caladas de placer, de hecho, cada vez que enciendo un Nobel siento esas ganas salvajes de que me follen así otra vez.
Otra de sus mayores diversiones al practicar sexo en la oficina era que yo me subiese encima de él, mientras él estaba cómodamente sentado en su sillón. Yo subía a horcajadas y le follaba con movimientos rítmicos que hacían que su polla entrase en lo más hondo de mi coño. Era entonces cuando me hacía llamar a su prometida para darle cualquier recado y me obligaba a tener una conversación lo más larga posible. A veces sacaba la polla de mi coño y la metía en mi ano para darme más placer todavía, haciéndome llegar casi al orgasmo sabiendo que no podía tenerlo puesto que sería descubierta al otro lado del teléfono.
Si lo hacía bien, me premiaba dejando que me corriese e incluso a veces me permitía que me tocase el clítoris para aumentar el placer. Por el contrarío si creía que no lo había hecho bien y que había colgado con rapidez me hacía que se la mamase hasta arrojar su semen en mi garganta y me dejaba, totalmente cachonda y sin más premios tras ese sexo en la oficina.
A veces cuando mi jefe había follado la noche anterior con su novia y no le apetecía metérmela, utilizaba un gran consolador que había comprado en uno de sus viajes de negocios y guardaba en uno de los cajones de su despacho. A primera hora de la mañana me hacía ir hasta él y rozaba mis labios y mi clítoris hasta que estaba totalmente jugosa. Entonces, lo metía en mi coño y me enviaba a mi mesa. Me encantaba la sensación de andar por el despacho con la polla de latex metida, pero el máximo placer llegaba cuando me sentaba y notaba como entraban profundamente hasta el fondo de mí. Así mi jefe conseguía mantenerme cachonda y mojada toda la mañana, hasta que llegaba el momento de volverme a llamar a su despacho y tener al fin sexo en la oficina. Él siguió inventando nuevos juegos y obligándome cada vez más a someterme a él de manera que cada vez yo enriquecía más mi vida sexual, pero eso es algo que contaré en otra ocasión.
Fuente: Lencería-sexy
Te despiertas, son las tres de la madrugada. Te encuentras en la cama, debajo del nórdico. Fuera hace frío pero una inminente necesidad fisiológica te lleva a querer levantarte. Cuando ya te has hecho a la idea y has sopesado otras posibilidades no viables, te propones a moverte lentamente pero te das cuenta que no puedes. Tienes las manos sujetas con unas esposas al cabezal de la cama. Y no es un sueño.
Todo apunta a un culpable: a ese que está a tu lado compartiendo cama y que ha aprovechado tu debilidad nocturna (es decir, mientras dormías) para ponerte unas esposas y “jugar” contigo. No te has enterado pero así ha sido. Lo miras y ahí está él, con una sonrisa pícara que intuyes bajo la poca luz. Te preguntas si lleva despierto todo el tiempo esperando a que tu abras los ojos o es que ya se disponía a ponerse manos a la obra. Vista la situación, ahora sólo te quedan dos opciones: Aceptarla y dejarte llevar o empezar a gritar. Y, claro, a esas horas despertarías a todo el mundo. Así que decides dejarte arrastrar por el momento y disfrutar de un sexo en el que, por esta vez, no podrás hacer nada, sólo sentir y gemir.
Cuando piensas que ya no puedes perder más el control te tapa los ojos con un antifaz ahora no puedes ver absolutamente nada.Tu olfato se agudiza, tus oídos sienten su respiración agitada y esto cada vez te excita más, sientes sus manos acariciando tu cuerpo y notas el tacto de algún juguete. Su olor te acalora de sobremanera, definitivamente te rindes a sus encantos y crees que jamás has tenido esa sensibilidad…
El uso de las esposas en las relaciones sexuales nos puede ayudar a salir de la rutina y a experimentar nuevas y placenteras sensaciones . Cabe decir que, antes de nada y de poner en práctica esta clase de juegos, se ha de saber seguro que a la otra persona no le van a molestar. Una vez sabemos eso y que le gustaría, nos podemos poner manos a la obra simulando una situación como la anterior u otras en las que los dos estáis conscientes y tenéis ganas de recorrer el cuerpo de vuestra pareja, haciendo de él o de ella lo que queráis, sin que sus manos se metan por el medio, como hacen siempre.

Ahora sólo queda decidir quién de los dos será el elegido para adornar sus muñecas con unas esposas de metal (forradas, eso sí, para que no duelan). ¿Mi consejo? que sea primero él, diciéndole que a la próxima serás tú quién las lleve. Y, bueno, que haya una próxima… ¡de ti dependerá! Y de que cumplas tu promesa, también.
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Las fiestas de Navidad llegaban a su fin, un nuevo año asomaba con grandes ilusiones, enormes proyectos y sueños que nos hacían seguir adelante y ver el mundo de un tono más alegre. Además entrando ya en el mes de Enero se acercaba la fecha de San Valentin y pensando en como celebrar el comienzo de una nueva etapa se me ocurrió darle una gran sorpresa a mi pareja.
Preparé una invitación para una velada casera nocturna especificando la ropa adecuada para la fiesta, por supuesto algo sexy. Coloqué unas velas aromáticas en nuestro dormitorio y extendí sobre la cama pétalos de rosa. Mientras realizaba aquellos preparativos no puede evitar imaginarme lo que sucedería en aquel lugar, así que puse un incienso afrodisíaco fabricando con una receta especial del kamasutra (dulce aroma de rosas, el exotismo del jazmín y el poder erótico del Ylang-Ylang, combinados con maderas nobles y las especias más exóticas.) Me vestí con mis mejores galas y cuando llego a casa se encontró con la agradable y romántica sorpresa. Para terminar mis preparativos le preparé un baño con burbujas y me la llevé a la cama de rosas para acariciar aquel deseable y suave cuerpo y darle un masaje con un fantástico aceite. Una cosa llevo a la otra, el olor del incienso, el tacto de los pétalos de rosa, el masaje…
Las caricias pasaron de románticas a sensuales, el masaje de la espalda a otras partes del cuerpo, el resto esta vez voy a dejarlo volar en vuestra imaginación, pero este tipo de sorpresas suelen ser inolvidables y no solo por su romanticismo…
Como siempre os dejo los enlaces para que probéis la experiencia…
Incienso
Estaba sola en mi cama, triste por no poder dormir a tu lado y con mucho frío. Te echaba de menos, era nuestra noche especial, esa noche en la que solo estábamos tu y yo sin teléfonos móviles o gente que interrumpiese nuestra intimidad de pareja. El frío me hacía recordar tu cálido cuerpo desnudo pegado al mío, tus pezones erectos al descubierto sin mantas, ni pijama, ni ninguna tela estúpida que impidiese poder sentir tu piel suave, tu calor casi ardiente o tu olor profundo que despertaba mi libido como un afrodisíaco sin antídoto que siempre me llevaba a la perdición, sin remedio.
No estabas, encendí la televisión y ponían una película pornográfica, donde una impresionante mujer era tomada por galanes muy bien dotados que parecían disfrutar de una manera tan real que mi frío se convirtió en calor y mi soledad en deseo. Por alguna razón, no podía cambiar de cadena, pensaba en ti, me imaginaba que eramos tu y yo las que disfrutábamos de tal orgía. Cada vez estaba más excitada y la película cada vez era más guarra, comencé a tocarme pensando en ti mientras veía aquellos planos, acaricié mi cuerpo hasta que ya no pude más y comencé a masturbarme con mi mano.
No sabía que me sucedía, cada vez estaba mas caliente y parecía que mi mano no saciaba mis expectativas, así que fui a la habitación a coger nuestro juguete privado, nuestro vibrador curvado hacía arriba y con estimulador de clitoríx.
Me lo metí dentro y comencé a sentir aquel placer extremo que me llevaba a la locura, la película porno, el vibrador, mi clítoris ahora masajeado, ahora si estaba realmente saciando aquella sensación nócturna, literalmente en el cielo, tanto que llegue a sentirte, a olerte, a sentirte debajo de mí mientras me movía para ti, tanto que llegue al orgasmo y me quede dormida en el sofá, agotada y saciada.
Cuando me desperté por la mañana vi mi juguete en el suelo y un programa habitual de las mañanas en la tv, te llamé para escuchar tu voz, recordé mi aventura solitaria, le saque la bala vibradora a mi juguete y a solas, repetí la operación buscando mi punto G una vez más.
Si queréis probar la experiencia os dejo unos enlaces abajo y si os ha gustado podéis invitarme a un café pulsando en el enlace de la izquierda.
Delta de Tantus® vibrador
London Sex Street. Porno para chicas
Porno para mujeres
Era una noche especial, se acercaba la navidad y esperaba mi regalo especial impaciente, contando las horas que faltaban para disfrutar de mi noche íntima, para ser poseída por sus expertas manos de mujer. La espera se hacía casi insoportable, la deseaba con todas mis fuerzas, deseaba compartir su cuerpo, su ser. Tanto que mis rosados pezones rozaban aquel sujetador de encaje negro como si mis pechos deseasen escapar de aquella prenda íntima
Apenas me importaba que en la calle azotase un profundo frío navideño ya que un calor casi insoportable inundaba mi cuerpo desde la cabeza a los pies mientras me acompañaban unas palpitaciones en mi entrepierna junto con una humedad que irremediablemente empapaba mi tanga.
Sonó el timbre, me dirigi a la puerta intentando mantener la compostura e intentando disimular todo el deseo que llevaba dentro. Cuando abrí la puerta ella me sonrió y casi sin mediar palabra comenzó a besarme sin piedad, buscando mi lengua mientras acariciaba mis pechos cada vez más duros y erectos. Me llevó por el pasillo hasta mi cama donde me arrojó sobre la misma arrancándome la ropa y dejándome ante ella tan solo con mi tanga empapado y mi sostén.
Yo buscaba con avidez su sexo, me encantaba aquel cuerpo y me perdía jugar con aquel clitorix juguetón entre mis dedos, pero ella agarro mis brazos y me esposo a la cama para después taparme los ojos con un antifaz. No veía nada, no me podía mover, tan solo sentía sus manos acariciando mi cuerpo deteniéndose en mis zonas más erógenas. La cama estaba empapada.
Me la imaginaba desnuda delante de mí masturbándose mientras me proporcionaba placer con su lengua. No la podía ver, no la podía sentir, tan solo sentir y cada roce, cada caricia, me llevaban literalmente al cielo. Sentí su aliento jadeante sobre mis pechos, su caliente sexo rozando mi muslo, sus dedos penetrando en mi interior y obligándome a gritar… Se colocó encima de mi, de manera que su clítoris rozaba con el mio, seguí instintivamente su ritmo, hasta que una descarga nos sacudio a ambas fundiéndonos en un orgasmo común.
Quise descansar, pero al estar esposada a la cama, no me quedo más remedio que dejarme llevar una y otra vez…
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